Noticias Arbóreas

La Tierra es más verde que hace 33 años

675 400 Consciencia Arbórea

La Tierra es más verde que hace 33 años

Desde 1982, la Tierra se ha enverdecido en unos 36 millones de km2, una superficie parecida a dos veces los EE UU. Un equipo internacional con participación española ha captado el aumento de la superficie foliar terrestre a partir de imágenes de satélites, y revela que el enverdecimiento es resultado del efecto fertilizante que ejerce el dióxido de carbono atmosférico sobre las plantas. Sin embargo, los científicos aseguran que esto no significa que el aumento de CO2 sea positivo para el clima.

La Tierra es ahora más verde que hace tres décadas. Esta es la principal conclusión de un estudio internacional, publicado en Nature Climate Change, que ha detectado un ascenso significativo de la cantidad de biomasa verde –las hojas–, en el 40% de las regiones del planeta desde 1982 a 2015, mientras que solo en un 4% se ha apreciado una pérdida significativa de vegetación.

«Con este estudio, hemos podido atribuir el enverdecimiento del planeta al aumento de los niveles de CO2atmosféricos provocado por el consumo de combustibles fósiles», asegura Josep Peñuelas, coautor del trabajo e investigador del CSIC en el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF).

CREAF |  | 26 abril 2016 15:13

<p>Cambio de la superficie foliar en porcentaje, de 1982 a 2015. Cuanto más verde, más ha aumentado el número de hojas; cuanto más lila, más ha disminuido el número de hojas. / Ranga B. Myneni, Universidad de Boston).</p>

Cambio de la superficie foliar en porcentaje, de 1982 a 2015. Cuanto más verde, más ha aumentado el número de hojas; cuanto más lila, más ha disminuido el número de hojas. / Ranga B. Myneni, Universidad de Boston).

Al haber más dióxido de carbono, las plantas han podido generar más hojas capturándolo de la atmósfera, durante la fotosíntesis. Gracias a ello, el incremento de la concentración de este gas de efecto invernadero se ha visto frenado.

Al haber más dióxido de carbono, las plantas han podido generar más hojas capturándolo de la atmósfera, durante la fotosíntesis

Esta gran adición de verde «puede tener la capacidad de cambiar los ciclos del agua y del carbono a nivel global», añade Peñuelas. Otros estudios ya habían detectado que las plantas eran capaces de almacenar cada vez más carbono desde 1980, lo que concuerda totalmente con la idea de enverdecimiento planetario que defiende esta investigación.

Las emisiones de CO2 siguen siendo un problema

Sin embargo, esto no significa que el aumento de CO2 atmosférico sea positivo para el clima. A pesar de esta mayor cantidad de hojas, «el cambio climático, el aumento de la temperatura global, el incremento del nivel del mar, el deshielo o las tormentas tropicales cada vez más potentes son un hecho», asevera el investigador.

Además, «el efecto fertilizante del dióxido de carbono cada vez es menor a medida que las plantas van aclimatándose a este aumento o echan de menos otros recursos necesarios para su crecimiento como el agua o los nutrientes, sobre todo el fósforo».

Esta fertilización por parte del CO2 es el principal motivo (en un 70%) por el que la Tierra se está enverdeciendo. Pero el estudio, además, identifica el cambio climático (en un 8%), el nitrógeno atmosférico (en un 9%) y los cambios de usos del suelo (en un 4%) como otras razones de peso que habrá que seguir para ver cómo evoluciona la vegetación a nivel planetario.

Fuente: Agencia Sinc, la Ciencia es Noticia

Iciar Bollaín rueda el drama del expolio de los olivos milenarios

590 393 Consciencia Arbórea

Iciar Bollaín rueda el drama del expolio de los olivos milenarios

Fuente: Rafa Ruiz, El Asombrario & Co. Fotos: Jose Haro

Fotograma de la película ‘El Olivo’, de Iciar Bollain. Foto: José Haro.

Fotograma de la película ‘El Olivo’, de Iciar Bollain. Foto: José Haro.

No estamos acostumbrados a que una película española de ficción se acerque a un tema medioambiental. Iciar Bollaín lo ha hecho, de la mano de su compañero y guionista de cabecera, Paul Laverty, con calidad y emoción. En mayo se estrenará ‘El Olivo’, que recoge el drama que sufren muchos olivos abandonados en El Maestrazgo por el afán de rentabilidad cortoplacista, por escasa sensibilidad, por especulación, por desidia. Hemos hablado con la directora y también con la gente de Apadrina un Olivo, que están plantando lucha para que estos árboles sean el acicate de un renacimiento rural.

“Es que este árbol no es nuestro. No nos pertenece. Es de la historia, de la vida, de la tierra, de nuestros abuelos y bisabuelos y tatarabuelos. No es nuestro”. Es una de las escenas y de las frases más impactantes de la película. Es el alegato que hace un agricultor frente a sus hijos, que quieren vender un olivo milenario para obtener un dinero que les viene muy bien, para tapar agujeros de sus maltrechas economías. Pero el hombre de campo de toda la vida -interpretado por Manuel Cucala, un agricultor de verdad, retirado, de 74 años, no un actor; elegido tras un concienzudo casting entre la gente de la comarca- les responde que pronto se habrán gastado el dinero y se habrán quedado sin nada, sin el dinero y sin ese árbol que es su vida, con el que comparte la savia y la sabiduría de la tierra.

Es la visión y los ritmos de la naturaleza frente a la urgencia de la ambición humana. Y eso está muy bien contado en El Olivo, porque frente a las laderas apacibles de olivos, Bollaín ha retratado ese otro paisaje de la burbuja inmobiliaria, las prisas y la corrupción -que además de corrupta es hortera- de la franja española mediterránea, simbolizada en esa mansión con piscina vacía ornamentada con una réplica de la Estatua de la Libertad.

La película es muy española, pues tiene mucho del paisaje bueno y malo de ese trozo del país, pero también porque retrata a unos seres quijotescos en un viaje casi a ninguna parte en medio de un mundo cuyos resortes de dura rentabilidad ni manejan ni entienden bien. “A veces te tienes que lanzar de cabeza, y la gente te ayuda por el camino”, dice la protagonista, Alma, interpretada por una impresionante Anna Castillo, y que ya nos engatusó con su desparpajo en la exitosa obra de teatro musical La Llamada.

“Sí, estoy contenta con el resultado, porque creo que la película refleja bien lo que queríamos contar, que no siempre se consigue”, me cuenta la directora durante una comida tras un pase previo de El Olivo a los miembros de la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA) www.apiaweb.org. “Y creo que va a comunicar bien con diferentes generaciones y con la gente joven”. Buena parte de esa conexión tendrá que ver con quien ha escrito la historia, Paul Laverty, el escocés que es también guionista de Ken Loach, y agradecérsela a la actriz protagonista, Anna Castillo, prácticamente nueva en cine, pero inmensa en su descarada naturalidad (¿Goya a actriz revelación?), y que da vida a una chica que ha encontrado sus señas de identidad en su abuelo y en un árbol que parece que tiene la expresión de un monstruo bueno (también hubo un concienzudocasting de olivos durante una semana; se seleccionaron varias decenas, y la directora fue quien eligió al protagonista vegetal; el que aparece en Alemania por supuesto no es natural, sino de fibra de vidrio reproduciendo a tamaño casi natural el original). Son el abuelo y la tierra los que la abrazan y dan calor. Como dice Bollaín: “Abuelo y olivo son lo mismo. El olivo es su raíz, su infancia, su tierra”. Y no quiere que se lo arranquen. “Lucha frente a esa pérdida, porque es luchar frente a la falta de valores. Y la crisis tiene desde luego una dimensión económica dramática, pero también una parte de que nos arrancan valores y señas de identidad”. El abuelo y el olivo representan lo que se pierde en un mundo de prisas y especulación que construye piscinas absurdas con estatuas de la Libertad; y la protagonista no deja de ser una radical (radical de querer tener raíces).

Fotograma de la película 'El Olivo' de Iciar Bollaín. Foto: José Haro.

Los tres protagonistas de la película ‘El Olivo’. Foto: José Haro.

Un olivo arrancado de su tierra para malvivir entre cristales, para decorar un edificio de oficinas en Alemania. La película tiene estructura de cuento: el abuelo, la nieta y el árbol. Pero es que desgraciadamente es la suerte que han corrido muchos de los mejores ejemplares: ser arrancados para decorar jardines particulares o de empresas en España, Europa o incluso China.

El dinero frente a las raíces

Ahora afortunadamente ya se están tomando medidas de protección, como en la Comunidad Valenciana. Y de sensibilización, como el proyecto Apadrina Un Olivo. “Es que este árbol no es nuestro. No nos pertenece. Es de la historia, de la vida, de la tierra”.

Ésa es también la frase de la película que se le ha quedado grabada a José Alfredo Martín, co-fundador de Apadrina Un Olivo, proyecto con epicentro en el pueblo turolense de Oliete; llevan dos años dando visibilidad al abandono de los olivares de la comarca. “Desde luego que la película de Iciar nos va a ayudar a dar más proyección a nuestro empeño. La película te toca, y eso por supuesto que ayuda a concienciar sobre el problema”.

José lo explica bien: parten de Oliete y de los olivos para ir más allá. También con un punto quijotesco, como los protagonistas de la película: “Es una iniciativa para transformar el abandono de las áreas rurales”. Para darle la vuelta a ese proceso que tratan de que veamos como irremediable, y no lo es, de éxodo rural. “Fíjate, Oliete era una población con 2.400 habitantes, y ahora tiene sólo 480. Se cultivaban 378 hectáreas de olivar, y ahora sólo 56. Calculamos que eso supone que hay unos 100.000 olivos abandonados. Y es el destino que le esperan a muchos núcleos rurales en España; porque hay 3.600 municipios con menos de 500 habitantes”.

Fotograma de la película 'El Olivo' de Iciar Bollaín. Foto: José Haro.

Abuelo y nieta en una de las entrañables escenas de ‘El Olivo’. Foto: José Haro.

Por eso él -que trabajaba como auditor financiero, algo que le aburría bastante-, su hermano y dos amigos, uno de ellos de Oliete, que se conocieron en una Campus Party en Londres (como en la película también se alía lo más pegado a la tierra con lo más moderno, con las nuevas tecnologías, en un link intergeneracional que merece la pena destacar, por lo que tiene también de estructura circular, últimamente tan de moda), idearon este plan para devolver energía a los pueblos. “Y se nos ocurrió proponer algo diferente para salvar el pueblo y salvar estos árboles: ofrecerles una experiencia actual, en línea con lo que hoy se lleva: Apadrinar un olivo”. Por 50 euros al año, incluye, aparte de la satisfacción de contribuir a preservar medioambiente y pueblos, una app para móvil en el que puedes seguir los cuidados, aspecto y evolución del olivo que has elegido, excursión al pueblo (con lo que eso supone de revitalización del turismo rural en la zona) y, ahora, para ir afianzando ese vínculo árbol/humano, el regalo de 2 litros de aceite -“social, solidario, ecológico y sostenible”- procedente de los olivos incluidos en el proyecto. La iniciativa cuenta con 800 padrinos y madrinas y 2.000 olivos recuperados mediante acuerdos de custodia del territorio, y en ella hay ya 22 personas involucradas, un acuerdo con ATADI (Agrupación Turolense de Asociaciones de Personas con Discapacidad Intelectual), la implicación del Gobierno de Aragón y el apoyo económico de Fundación Telefónica y Hojiblanca. El siguiente paso será extenderse a los pueblos vecinos de Ariño y Alacón, abrir a finales de este año una almazara propia para comercializar su propio aceite bajo una marca de Consumo Responsable, y seguir recuperando olivos, creando puestos de trabajo en el medio rural y revitalizando pueblos que languidecen.

La película El Olivo y el proyecto Apadrina Un Olivo coinciden en algo fundamental: Soñar con un ideal. Perseguir lo que puede parecer una utopía dentro de este rígido orden neoliberal mundial.

Además, todos podemos poner nuestra ramita de olivo, ya que en change.org está en marcha una campaña para pedir al Parlamento Europeo alguna acción para acabar con el expolio de los viejos olivos y otros árboles centenarios, puesta en marcha desde la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente y César-Javier Palacios, y que cuenta ya con casi 150.000 firmas.

Fuente: Rafa Ruiz, El Asombrario & Co. Fotos: Jose Haro

Bután celebró el nacimiento del nuevo príncipe plantando 108,000 árboles

600 450 Consciencia Arbórea

Bután celebró el nacimiento del nuevo príncipe plantando 108,000 árboles

Plantada de Árboles 0

Fuente: Cristina Bazán – La Gran Época

Decenas de miles de ciudadanos plantaron 108,000 árboles en Bután el pasado 6 de marzo, para celebrar el nacimiento del nuevo príncipe que fue anunciado por los padres del heredero al trono, su majestad el Rey Jigme Khesar Namgyel Wangchuck y la reina Jetsun Pema, el 5 de febrero de 2016.

Esta celebración estuvo llena de símbolos budistas, ya que en esta vía de cultivación los árboles tienen un significado muy especial. Recordemos que el Buda alcanzó la iluminación bajo la Higuera Sagrada.

De acuerdo con el Budismo “un árbol es el proveedor y sustentador de todas las formas de vida, simboliza la longevidad, la salud, la belleza e incluso la compasión”, dijo Tenzin Lekphell, coordinador de la iniciativa llamada Trendel en el idioma local, según informan reportes de TheDiplomat.com. Además, cada árbol fue sellado con una oración y un deseo de la persona que lo plantó, para Su Alteza Real el Príncipe de Bután; “de modo que al igual que el árbol generoso, el Príncipe también crezca sano, fuerte, sabio y compasivo”, agregó Lekphell.

Plantada de árboles

Dasho Karma Raydi, uno de los voluntarios para el cuidado de los árboles, dijo: “ahora estamos nutriendo las plantas como si estuviéramos nutriendo al pequeño Príncipe”, informó la BBC.

El número de árboles tampoco fue elegido al azar, ya que “108” es un número sagrado en el budismo porque se relaciona con la limpieza de las 108 impurezas que impiden a los seres alcanzar la iluminación, explicó Lekphell.

Cada uno de los 82,000 hogares del país plantaron un árbol y los otros 26,000 fueron plantados por 100,000 voluntarios entre los que se encontraban el primer ministro Tshering Tobgay, tres de sus ministros, e incluso el líder de la oposición.

Los árboles se plantaron en terrenos especiales ubicados en 14 distritos y el Ministerio de Turismo aprovechó la ocasión para inaugurar en la capital nacional de Thimphu el “Jardín de la felicidad”, que cubre un área de 48,400 yardas cuadradas, donde los turistas extranjeros también estaban invitados a plantar los “árboles de la felicidad”, con el ánimo de tener árboles que representen a todos los países del mundo “para poder tener más cerca a los pueblos del mundo”, dijo Damchoe Rinzin, un portavoz del Consejo de Turismo de Bután, como menciona The Diplomat.

El pequeño reino de Bhután es conocido como “El país de la felicidad” y mantiene un sistema de Monarquía Democrática con una política única en su género; llamada “Felicidad Nacional Bruta”, acuñada por el cuarto rey Singye, padre del rey titular, en 1972, cuando tenía tan sólo 16 años. Esta política equilibra el crecimiento económico con la conservación del medio ambiente y el bienestar de su gente, agrega este medio.

Asimismo, la constitución butanesa establece que al menos el 60% de la superficie del país debe permanecer siempre cubierta árboles, menciona el sitio web Muy Interesante.

Los butaneses son en su mayoría Budistas, ellos aman y respetan la pareja real, cuya celebración nupcial, en octubre de 2011, fue muy modesta y de bajo presupuesto, pero el pueblo festejó en grande iluminando el cielo con fuegos artificiales, de acuerdo con el sitio web The Diplomat.

La BBC menciona que esta no es la primera vez que Bután participa en una plantación épica de árboles. El país estableció en 2015 un récord mundial Guinness por plantar cerca de 50,000 árboles en una hora.

Fuente: Cristina Bazán – La Gran Época

  • 1
  • 2