Árboles y Bienestar

El contacto con árboles y bosques es beneficioso para la salud  física,  emocional y mental. Los árboles y todo su reino están en perfecta concordia con el campo vital de la Tierra.

El otoño como maestro: los árboles que sueltan

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El otoño como maestro: los árboles que sueltan

¿Qué nos enseñan los árboles en otoño? Que soltar no es perder: es una manera muy precisa de prepararse para seguir vivos.

Qué ocurre dentro del árbol: la hoja se cierra, no se rompe

Una hoja es, ante todo, un panel solar: capta la luz y la convierte en azúcares. Cuando los días se acortan y las noches se enfrían, el árbol lo percibe y cambia de estrategia. Mantener hojas anchas y delicadas durante un invierno frío y seco costaría más agua y energía de las que podrían devolverle.

Lo primero que sucede es una retirada ordenada. Antes de soltar la hoja, el árbol recupera de ella nutrientes valiosos, como nitrógeno y carbono, y los almacena en ramas, tronco y raíces para tenerlos listos en primavera. Después se forma en la base del pecíolo una capa de células especializadas, la capa de abscisión, que va cortando la unión entre la hoja y la rama. Son las propias hormonas del árbol las que dirigen el proceso, y cuando la hoja cae, otra capa de células protege la cicatriz.

La hoja, por tanto, no cae porque el árbol se debilite. Cae cuando el árbol ya ha recuperado lo que le servía. Además, un árbol sin hojas ofrece menos superficie al viento invernal, y lo que cae al suelo se descompone y devuelve materia orgánica a la tierra que lo sostiene.

Por qué cambian de color: lo que aparece cuando se apaga el verde

El verde del verano es clorofila, la molécula que atrapa la luz. En otoño el árbol deja de fabricarla y empieza a desmontarla para reaprovechar sus componentes, porque producirla desde cero cuesta mucha energía. Al desaparecer el verde salen a la vista los carotenoides, amarillos y naranjas, que estaban en la hoja todo el año pero quedaban tapados.

Los rojos y púrpuras tienen otro origen. En muchas especies, las antocianinas no se fabrican hasta ahora, y su formación está ligada al azúcar acumulado. Según algunos especialistas, funcionan como una pantalla que protege la hoja mientras el árbol termina de rescatar sus recursos.

Por eso el color cambia tanto de un árbol a otro y de un año a otro. Depende de la especie, pero también del tiempo que haya hecho: una sequía en primavera, una ola de calor en agosto o una helada temprana alteran el espectáculo de noviembre.

Dormir no es morir: la latencia invernal

Un árbol sin hojas no está muerto: está en reposo. La latencia se instala poco a poco a medida que avanza el otoño y bajan las temperaturas, y se hace más profunda con la llegada del invierno. Mientras tanto, el árbol protege los tejidos que volverán a crecer y no despierta con el primer día templado, sino cuando el frío ha cumplido su ciclo.

Es la misma lógica que explicamos en Los árboles no mueren de viejos: la vida arbórea no se mide con el reloj de una estación, sino con ciclos de pausa y regreso. El invierno del árbol es una forma de continuar.

No todos sueltan igual: robles, hayas y la marcescencia

La mayoría de los caducifolios deja caer las hojas en pocos días, pero algunas especies, entre ellas ciertos robles, conservan hojas secas en las ramas durante buena parte del invierno. Se llama marcescencia y la ciencia aún discute su sentido. Hay al menos seis hipótesis, no excluyentes entre sí: que disuada a los herbívoros de comer las yemas, que ayude a reabsorber mejor los nutrientes, que libere el abono poco a poco, que proteja las yemas de la helada, que dé cobijo a animales o que no tenga función alguna y sea un simple subproducto de la evolución.

Las perennifolias, por su parte, conservan el follaje todo el año gracias a hojas preparadas para el frío. Entre los árboles hay muchas maneras de atravesar el invierno, y ninguna es la única correcta.

Qué nos enseñan los árboles en otoño: una lectura simbólica

Hasta aquí, biología. Lo que sigue es la lectura simbólica que muchas tradiciones han hecho del otoño, la misma mirada que ya exploramos en El simbolismo del árbol según Carl Jung. No es una afirmación científica, sino una invitación a mirar.

  • Soltar no es perder. El árbol recupera lo esencial antes de dejar ir la hoja. Antes de soltar algo, podemos preguntarnos qué de ello nos ha nutrido y merece guardarse.
  • Retirarse hacia las raíces. Cuando la energía se repliega hacia dentro, no se apaga: se recoge. El descanso forma parte del crecimiento.
  • Lo que cae alimenta. Lo que dejamos atrás no desaparece; se transforma en suelo para lo que vendrá.
  • Cada árbol, su ritmo. Unos sueltan de golpe, otros despacio, otros se aferran a sus hojas secas hasta primavera. No hay una velocidad correcta.

Práctica: sentarse junto a un árbol y preguntar si puedes soltar

Una práctica sencilla para este mes, de unos veinte minutos:

  1. Elige un árbol que te llame, mejor si es caducifolio, y siéntate a su pie sin prisa y con el móvil guardado.
  2. Respira con calma unos minutos. Observa qué hojas sostiene todavía y cuáles ya están en el suelo.
  3. Formula en silencio una pregunta: ¿puedo soltar mis hojas?
  4. Distingue lo que quieres conservar, lo que te nutre y mereces guardar en tus raíces, de lo que ya es hoja seca.
  5. Recoge una hoja caída, agradece y devuélvela a la tierra, o llévatela como recordatorio.

Si te apetece algo más activo, en Japón existe la costumbre de salir a pasear en busca del color de las hojas, el momijigari. Se trata de dejarse guiar por los dorados y rojos del bosque, sin otro objetivo que mirar.

Y si prefieres vivirlo acompañado, el 24 de octubre celebramos el taller La Sabiduría de los Árboles en Osona (Barcelona).

 

Preguntas frecuentes

¿Por qué los árboles pierden las hojas en otoño?

Porque mantener hojas anchas y delicadas durante un invierno frío y seco costaría más agua y energía de las que aportarían. Antes de soltarlas, el árbol recupera sus nutrientes y los guarda en ramas, tronco y raíces.

¿Por qué cambian de color las hojas en otoño?

Al deshacerse la clorofila, quedan a la vista los carotenoides, amarillos y naranjas, que estaban ocultos bajo el verde. Muchas especies fabrican además antocianinas, responsables de los rojos y púrpuras.

¿Un árbol sin hojas está muerto?

No. Los árboles caducifolios entran en latencia: reducen su actividad y viven de las reservas guardadas en raíces, tronco y ramas hasta que vuelven el calor y las hojas nuevas.

El Roble Sanador de Galicia

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EL ROBLE SANADOR DE GALICIA

El roble sanador de Galicia se encuentra en el Santuario de Santa Columba das Pías, en la parroquia de Codesoso, en el municipio de Sobrado dos Monxes (A Coruña).

Este santuario se fundó a finales del siglo XVII. Es un lugar de sincretismo religioso, donde se combinan los elementos más característicos del patrimonio cultural e inmaterial gallego.

Un santuario entre robles y fuentes sagradas

El enclave está inmerso en un robledal. Allí se reúnen una iglesia-santuario, dos cruceiros, una fuente santa y el roble sanador que preside el conjunto. Todos sus elementos están dotados de propiedades «mágicas» de carácter milagroso.

El santuario tiene fama de conceder indulgencias plenarias. Además, acuden fielmente a él personas que buscan curarse de diversas dolencias, como las de la cabeza, los pies o la garganta, y las afecciones de la vista y de la piel.

El día de la fiesta se realiza una procesión alrededor de la iglesia. Las personas acuden para obtener la gracia de sanar de alguna enfermedad o para agradecer a la santa su intercesión en una curación.

También es habitual colocar velas, exvotos y flores al pie de las cruces y en el patio lateral, que hace de oratorio en el lado sur de la iglesia.

Detalle de la cruz inscrita en el Roble

El ritual de las nueve vueltas

El roble sanador es de grandes dimensiones: mide unos quince metros de altura y tiene un espesor considerable. Lleva grabada en la corteza una cruz que lo santifica y cuenta con una pila a sus pies.

Junto a él se realiza un ritual muy peculiar. Según la tradición, hay que llenar la pila con agua de la Fuente Santa, también bendecida. Después se dan nueve vueltas alrededor del roble y de la pila, y en cada vuelta se besa el tronco para obtener su bendición.

Nuestra experiencia junto al roble

Hace años que quería conocer este lugar tan especial y por fin lo he conseguido. Con respeto y con la certeza de bendecir nuestras vidas y nuestros propósitos, hicimos el ritual tal como manda la tradición.

Cogimos agua de la fuente y la vertimos en la pila de piedra para consagrarnos. Luego, con nuestra petición en el corazón, dimos uno a uno las nueve vueltas alrededor del roble sanador.

Sin duda, este roble es una leyenda viva de los árboles sanadores de nuestra tradición arbórea en la península.

El Roble Sanador de Santa Columba das Pias

 

 

La ermita dedicada a Santa Columba un lugar de devoción

 

Santiguarse con agua de la fuente antes de dar 9 vueltas al roble

 

Robledal, fuente santa, ermita, cruceiros y roble cristianizado: todos los ingredientes que configuran los lugares milagreros y sanadores

 

La virgen de Santa Columba

 

Un robledal espectacular y cargado de una atmósfera mágica

 

La Fuente Santa a escasos metros del santuario y del roble, de agua fresca y abundante, agente natural e intercesor de los milagros

 

Dando 9 vueltas alrededor del Roble Sanador

 

 

 

 

Los Santuarios Arbóreos

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Los Santuarios Arbóreos

Cuando un ser humano dirige su consciencia positivamente en forma de afecto, de gratitud, de elogios etcétera hacia la naturaleza, dignifica su existencia y esta se dinamiza elevando su frecuencia vibratoria. Este efecto lo podemos ver muy claramente junto a los Árboles Maestros (árboles longevos y monumentales) congeniados con el ser humano, estos son árboles que se han nutrido de las “buenas vibraciones” humanas. 

Allí donde hay ese tipo de árboles son lugares que poseen una alta frecuencia vibratoria positiva que podemos percibir como si todo cobrase más presencia, más vida, más brillo. A veces hay personas que lo describen como “un silencio lleno”, otras como “un lugar cargado de magia”, y es que de hecho y de forma inconsciente sabemos que hay algo más, algo más allá de lo que vemos que advertimos como especial.

Estos lugares observamos que nos hacen sentir fuerza, confianza, complicidad y que además tienen la capacidad de elevar la consciencia de sus visitantes, tienen de por sí un poder de transformación. Un Santuario Arbóreo, lo defino como un lugar en donde el ser humano se hermana y consagra a las influencias edificantes y positivas de los genios arbóreos que allí habitan y como efecto colateral también beneficia a otras personas que quizás no son conscientes de la existencia de tales genios.

Si frente a un Árbol Maestro la mayoría de personas sensibles sienten el mismo respeto que si estuvieran delante de un sabio anciano, frente a un Santuario Arbóreo  sentirán estar frente a un poder sobrenatural que tiene la capacidad de ampararlos y ayudarles. Atraídos por su fuerte magnetismo e impulsados por su instinto se acercarán maravillados al árbol, lo abrazaran, ojos cerrados, le hablarán y se encontrarán, sin habérselo propuesto, formulando deseos e implorando sus bendiciones.

(Extracto del próximo libro «Los Seres Arbóreos: conexión, comunicación y sanación junto a los Árboles Maestros», de Xavier Callejo Amat)

ofrenda arbol

Ofrendas a los Árboles (Seres Arbóreos)

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Ofrendas a los Árboles (Seres Arbóreos)

Las ofrendas en los cultos arbóreos de la Europa antigua

En los ritos y cultos a los árboles de la Europa antigua, las ofrendas y los exvotos fueron un elemento importante. Mantuvieron el vínculo entre los humanos y la sacralidad de árboles y bosques.

Lo sabemos de primera mano por los hallazgos arqueológicos y por los textos romanos. Un ejemplo claro es el legado de la Cultura Minoica, que se desarrolló en la isla de Creta a partir de la primera Edad del Cobre.

Sello minoico con un altar y un árbol sagrado

Esta civilización fue matriarcal y de religión animista, orientada al culto a la vegetación. Un sello minoico muestra un altar con un árbol o vegetal en el centro. Alrededor, las sacerdotisas rinden culto y aportan sus ofrendas.

Ofrendas a los árboles en los cultos de la Europa antigua

Otro ejemplo lo encontramos en el yacimiento de la Edad del Bronce de Wiglesswade, en el Reino Unido. Allí se halló un recinto circular marcado por una zanja, con una raíz y restos de ofrendas en el centro.

Se trata, pues, de un lugar de culto. La zanja define el espacio ritual alrededor del árbol mágico o sagrado al que se hacían ofrendas.

Ofrendar a los Seres Arbóreos

Una buena forma de estrechar nuestro vínculo con los árboles y con los entes espirituales que los habitan (los Seres Arbóreos) es mediante las ofrendas. Su intención debe ser claramente altruista y compasiva. Solo así se forja un vínculo próspero entre nosotros y estas sabias entidades.

Cuando la ofrenda no busca una recompensa, proyecta amor y agradecimiento a la vida arbórea, a su existencia y a todo lo que de ella florece.

El agradecimiento es la expresión más elevada de cualquier ofrenda. Cuando es así, los Seres Arbóreos aprecian inmensamente estas ofrendas y honores.

Si las ofrendas van acompañadas de peticiones, estas deben ser fruto de nuestra bondad. Entonces los Seres Arbóreos acogerán nuestras súplicas con gran responsabilidad e implicación, ya que en su aspecto más elevado servir y dar es su propósito último.

No es lo mismo hacer una petición que ofrendar algo para obtener una recompensa. Por eso debemos ser transparentes y coherentes con nuestros propósitos, y ver qué es lo que realmente nos mueve a solicitar.

Ofrenda a un árbolTodo posee un cuerpo sutil y vibratorio. No es ninguna tontería ofrecer algo comestible a un ser que no tiene boca, como un árbol. Los Seres Arbóreos se nutren de la substancia más pura y etérea que desprenden los alimentos, los frutos de la tierra y elementos como el fuego.

Tipos de ofrendas para los Seres Arbóreos

  • Frutas: las frutas y los frutos secos son muy apreciados por los espíritus de los árboles. Sirven para agradecer y venerar la existencia y la vida de los árboles. Se depositan entre las raíces; cuanto más natural, ecológica y de temporada sea la fruta, mejor.
  • Fuego: una vela puede potenciar rituales y ceremonias junto a los árboles. Mediante el fuego nutrimos a los Seres Arbóreos con la esencia de la luz y les brindamos excelsos honores. Se enciende la vela a cierta distancia y se levanta poco a poco con ambas manos, desde el suelo hasta por encima de la cabeza. Después se deposita a los pies del árbol. Esta acción genera en el lugar una sutil fuerza espiritual, palpable en el ambiente.
  • Vino o aceite: sirven para consagrar o bautizar nuestro árbol. También para peticiones o propósitos en los que queremos tenerlos a nuestro favor (dentro de sus posibilidades) o para honrar un voto hecho anteriormente. Se pueden hacer libaciones en la parte inferior del tronco y en las raíces, mientras se expresa el propósito de la consagración. De igual forma, escogeremos alimentos ecológicos y naturales.

5 tips para sintonizar con el bosque y los árboles

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5 Tips para sintonizar con el bosque y los árboles

Sintonizar significa coincidir en pensamiento, sentir o frecuencia. Sintonizar con el bosque y con los árboles significa conocerlos y acercarnos desde distintos ángulos a su frecuencia, a lo que son verdaderamente. Cuanto más estemos en sintonía con el bosque más fácil nos será tener una experiencia profunda de conexión con su aspecto espiritual y sutil, es por ello que propongo estos 5 consejos.

¿Quién es quién?:
Cuanto más conozcamos un fenómeno más fácil nos será relacionarnos con él. Leer acerca de los árboles, sobre su botánica, sobre sus cualidades, sobre sus usos etc. nos puede servir para comprender más su mundo. Aprender sus nombres, aprender a reconocerlos, conocer su hábitat y sus características no son informaciones necesarias pero sí son de utilidad. Asimismo cada cultura posee sus mitos, leyendas y simbolismos sobre los árboles: todas estas historias, nos ayudan a expandir nuestras percepciones y nos proporcionan claves para comprender las fuerzas a las que están vinculados. 

 

El Bosque habitado:
Cuando entramos en un bosque, entramos en un  lugar habitado, es decir, la casa de muchos seres vivos, unos físicos y tangibles y otros intangibles y sutiles, por lo tanto es recomendable mostrar el máximo respeto igual que lo haríamos en casa ajena. El hecho de “llamar a la puerta” antes de entrar en cualquier bosque será siempre bien recibido y posiblemente despertará la curiosidad de sus habitantes sobre nuestra persona.

 

Limpiar el lugar:
Desgraciadamente algunos de los lugares y enclaves naturales hermosos visitados por el hombre no escapan a su dejadez y a menudo encontramos una bolsa de plástico por aquí o una lata por allá, colillas de tabaco y otros tipos de despojos. Limpiar estos lugares y acondicionarlos hace que estos recuperen su prístina frecuencia de vida y belleza amén de que es una acción muy valorada por los Seres Árboreos, de hecho les estamos dando un buen pretexto para que nos reciban.

 

La observación:
La observación contemplativa de los árboles es una forma fantástica para entrar en la percepción de su mundo sutil, esta produce un efecto certero sobre nuestro sentir. Nos situamos a una distancia de quince o veinte metros de un árbol grande y lo observamos primero detenidamente desde sus raíces hasta su copa; focalizamos y reparamos en todos sus detalles. Después de unos minutos, vamos abriendo el campo de visión hasta llegar a una panorámica de 180º, de modo que abarcamos la escena entera y permanecemos así un buen rato mirando todo a la vez y nada en concreto. Siempre desde la neutralidad, fuera de juicios.

 

La energía vital de los árboles:
Los árboles transforman la energía solar en energía vital, actúan como transformadores energéticos y baterías. Es más que saludable y aconsejable acercarse a ellos para participar de esa energía y recargarse así positivamente a nivel físico. Podemos hacerlo con las palmas de las manos, abrazándolos, de espaldas, de la forma que más nos inspire, pero siempre desde el silencio. Para muchas personas, la energía vital de los árboles es tangible y posee aspectos definidos según el tipo o especie de árbol al que se aproximan. Sin lugar a dudas y genéricamente, la energía de los árboles y del bosque es de naturaleza femenina, siempre nos abraza, nos estabiliza y armoniza, pero evidentemente hay matices dentro de este espectro. Tratar de reconocer el tipo de energía que posee cada especie de árbol es un ejercicio más que bueno y una forma de empezar a sintonizar con ellos. 

 

Autor: Xavi Callejo de Consciencia Arbórea

 

 

La Tierra aún tiene 9.200 especies de árboles sin descubrir

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La Tierra aún tiene 9.200 especies de árboles sin descubrir

AUTOR: Joan Lluís Ferrer

Un estudio desvela que en el planeta hay 73.000 especies diferentes en total

El planeta tiene alrededor de 73.000 especies diferentes de árboles conocidas, pero en realidad su número podría ser aún mayor, pues se calcula que existen otras 9.200 especies que todavía no se han descubierto. Es la conclusión a la que ha llegado un grupo de más de 100 científicos de todo el mundo, que han trabajado con la base de datos forestales más grande del planeta.

La biodiversidad arbórea de la Tierra es mayor de lo que se suponía, pues el número de especies conocidas es un 14% más elevado del que se estimaba hasta ahora, según los resultados de la investigación, publicados en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences. Los autores señalan que lo más probable es que la mayoría de las especies aún no descubiertas sean raras, con poblaciones muy bajas y una distribución espacial muy reducida.

Hay más especies de árboles de las que se creía

Hay más especies de árboles de las que se creía PIXABAY

Eso haría que dichas especies sean especialmente vulnerables a las perturbaciones ocasionadas por el hombre, como la deforestación y el cambio climático, según los investigadores del estudio, que confían que este hallazgo ayude a priorizar la conservación de los bosques.

«Estos resultados demuestran la vulnerabilidad de la biodiversidad forestal global a los cambios antropogénicos, en particular el uso de la tierra y el clima, porque la supervivencia de taxones raros se ve amenazada de manera desproporcionada por estas presiones», dijo Peter Reich, de la Universidad de Michigan, uno de los dos autores principales de un estudio.

Para realizar su estudio, los investigadores combinaron datos de abundancia de árboles de dos conjuntos de datos globales, uno de la Iniciativa Global de Biodiversidad Forestal y el otro de TREECHANGE, que utilizan datos de parcelas forestales de origen terrestre. Ambas bases de datos combinadas arrojaron un total de 64.100 especies de árboles documentadas en todo el mundo, un total similar (aunque algo superior) a un estudio anterior que encontró alrededor de 60.000 especies de árboles en el planeta.

El trabajo resulta especialmente laborioso: «Cada uno de estos conjuntos procede de alguien que ha ido a lugares forestales y ha contado los árboles, recopilando información sobre las especies, tamaños y otras características. Contar la cantidad de especies de árboles en todo el mundo es como un rompecabezas con piezas repartidas por todo el mundo”, señaló el otro autor principal del estudio, Jingjing Liang, de la Universidad de Purdue.

Después de combinar los conjuntos de datos, los investigadores utilizaron novedosos métodos estadísticos para estimar el número total de especies de árboles a escala de bioma, continental y global, incluidas especies que aún no han sido descubiertas y descritas por los científicos. Un bioma es un tipo de comunidad ecológica importante, como una selva tropical, un bosque boreal o una sabana.

Los autores del estudio señalan que una estimación conservadora arroja un total de 73.274 especies de árboles en la Tierra, lo que significa que probablemente todavía queden unas 9.200 especies por descubrir. Los investigadores han usado procedimientos nuevos jamás experimentados.

América del Sur: paraíso de especies por descubrir

Por otra parte, es probable que aproximadamente el 40% de las especies de árboles no descubiertas, se encuentren fundamentalmente en América del Sur, un lugar de especial importancia para la diversidad mundial de árboles.

América del Sur también es el continente con el número estimado más alto de especies de árboles raros (alrededor de 8.200) y el porcentaje estimado más alto (49%) de especies de árboles endémicas continentales, es decir, especies que se encuentran solo en ese continente.

Los principales lugares de Sudamérica con especies de árboles no descubiertos se centrarían en los bosques húmedos tropicales y subtropicales de la cuenca del Amazonas, así como los bosques andinos en elevaciones entre 1.000 metros y 3.500 metros.

Jungla tropical

Jungla tropical PIXABAY

«Aparte de las 27.000 especies de árboles conocidas en América del Sur, podría haber allí otras 4.000 especies aún por descubrir. La mayoría de ellas podrían ser endémicas y estar ubicadas en puntos críticos de diversidad de la cuenca del Amazonas y la interfaz Andes-Amazonas”, explicó Reich.

«Esto hace que la conservación de los bosques sea una prioridad fundamental en América del Sur, especialmente considerando la actual crisis de los bosques tropicales por impactos antropogénicos como la deforestación, los incendios y el cambio climático», agregó.

En todo el mundo, entre la mitad y dos tercios de todas las especies de árboles ya conocidas se encuentran en bosques húmedos tropicales y subtropicales, que son ricos en especies y poco estudiados por los científicos. Es probable que los bosques secos tropicales y subtropicales también contengan un gran número de especies aún no descubiertas.

Los bosques proporcionan muchos servicios ecosistémicos a la humanidad de forma gratuita. Además de suministrar madera, leña, fibra y otros productos, los bosques limpian el aire, filtran el agua y ayudan a controlar la erosión y las inundaciones.

Asimismo, ayudan a preservar la biodiversidad, almacenan carbono que contribuye al calentamiento del clima y promueven la formación del suelo y el ciclo de nutrientes al tiempo que ofrecen oportunidades recreativas como caminatas, campamentos, pesca y caza.

AUTOR: Joan Lluís Ferrer

Estudio de referencia (en inglés): https://www.pnas.org/content/119/6/e2115329119

La genialidad de los Árboles

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«La genialidad de los árboles» documental

Fascinante documental para conocer los enigmas e investigaciones en torno a las plantas y los árboles. Mucho para aprender. «La genialidad de los ÁRBOLES», Emmanuelle Nobécourt, Francia 2020.

Los últimos y sorprendentes descubrimientos sobre la capacidad de árboles y plantas nos hacen cuestionarnos nuestra propia inteligencia y apreciar todo lo que podemos aprender para ser más respetuosos, sostenibles y cuidar los ecosistemas para salvar el planeta. Los árboles sorprenden por su consciencia e inteligencia, tal y como lleva manteniendo desde hace años el biólogo Stefano Mancuso, autor del concepto de “neurobiología vegetal” Las plantas perciben más cosas que los animales, como elementos químicos, campos magnéticos o eléctricos; siendo que una sola raíz, de las muchas que tiene un árbol, es capaz de procesar de forma continua y cómo mínimo 20 parámetros físicos y químicos diferentes.

En cambio, no poseen cerebro para filtrar tanta información y ordenar el movimiento, porque no precisan desplazarse. Sus raíces, que suponen en volumen tanto como la parte visible de la planta, forman una especie de superorganismo inteligente, colectivo, actuando y dando respuestas coordinadas en grupo, como un ente superconectado, haciendo que su inteligencia esté a la vez en todas partes y sin que ningún órgano en concreto las controle. De hecho, se dice que una planta es toda ella su propio cerebro. 

https://www.youtube.com/watch?v=9pApMH7j-vQ

“Toca Madera”: su significado profundo

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“Toca Madera”, su significado profundo

En este pequeño artículo quiero desvelarte el origen y el sentido profundo de esta antigua creencia. Así podremos dejar de verla como una superstición y devolverle su significado y su valor, que lo tiene, y mucho.

Esta creencia está relacionada con la buena suerte, los buenos presagios y el hecho de alejar el infortunio. Hoy en día se sigue confiando en esas palabras, acompañadas del gesto de tocar algo de madera, como si tuvieran el poder de orientar el destino de las personas.

En cierto modo era así. Lo que ocurre es que hoy se pronuncia la fórmula sin saber por qué, y se toca madera muerta, manufacturada, de forma mecánica y sin sentimiento alguno. Eso, la verdad, no es demasiado coherente.

Entonces, veamos qué atesora esta popular tradición.

El origen

«Tocar madera» contiene una sabiduría muy, pero que muy antigua. Está relacionada con los árboles y con el orden natural que los rige, como manifestación y reflejo de las leyes universales.

Las culturas antiguas, por su contacto directo y vivo con la naturaleza, sí poseían ese conocimiento que hoy hemos perdido. Se alineaban con el orden natural y sus leyes universales.

Sabían que cada ser vivo estaba dotado de alma: plantas, árboles, insectos, fuentes, piedras, cuevas y elementos. Honraban esa vida sutil como un hecho normal, profundo y sagrado a la vez.

La existencia de lo que llamaríamos «otros reinos paralelos» era una creencia arraigada, fruto de la vivencia directa. Por eso los antiguos consideraban la naturaleza el hogar armonioso de un sinfín de seres y divinidades, hijas e hijos del mismo creador que los había creado a ellos. Era sumamente respetada.

Así era el caso de los árboles, en cada uno de los cuales se creía que habitaba un espíritu con cualidades mágicas y espirituales. A ciertos árboles y bosques se les ofrendaba y reverenciaba para encomendarse a su sabiduría, su fertilidad, su magia y su protección.

No debe extrañarnos, pues, que la buena suerte y el buen vivir estuvieran relacionados con rendir culto a los espíritus arbóreos. Se imploraban sus bendiciones para las cosechas, la caza, las lluvias, la familia, etc.

De igual modo, quien debía entrar en el bosque a abastecerse de madera sabía que alteraba la paz de sus espíritus. Lo apropiado era mostrar el debido respeto para no ofender a sus invisibles habitantes. No hacerlo podía acarrear consecuencias indeseadas.

Antes de cortar un árbol era necesario acercarse a él y tocarlo, mientras se le pedía permiso a su espíritu y se le comunicaba lo que se necesitaba de él. Así de sencillo. Obrar sin este acto o consentimiento era sinónimo de desalinearse del orden natural y quedar sujeto a la mala racha.

Todo en su justa medida

La naturaleza siempre está dispuesta a dar, a servirnos incondicionalmente. Pero eso no quita que tomemos de ella con respeto hacia su aspecto vital y espiritual, y en su justa medida.

Entonces, no es el acto de decir las palabras «toca madera» lo que hará que nuestro destino sea positivo. Se trata, más bien, de recuperar el sentido común y alinearnos de nuevo con el orden natural. Así recobraremos la coherencia con la vida, con el entorno y con sus ciclos.

Nosotros, como especie y como parte de la existencia, nos debemos a las leyes que rigen el Universo. Nos conviene conocerlas, respetarlas y corresponderlas.

Entrando en ese sentir generaremos armonía y equilibrio en nuestro día a día. Crearemos nuestra cuota de «buena suerte», y la misma vida, regida por esas leyes, nos traerá cosas beneficiosas y favorables.

¡Ah! Por cierto, no te dejes engañar cuando te digan que «toca madera» tiene que ver con la madera de la cruz de Cristo.

No tengo nada en contra de la figura de Jesús, más bien al contrario. Pero recuerda que hubo, hay y habrá vida más allá de las religiones.

Científicos descubren que los árboles tienen corazón que late

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Científicos descubren que los árboles tienen un «latido»

La naturaleza es hermosa, los árboles nos proveen oxígeno al mismo tiempo que muchos de ellos nos brindan los frutos más deliciosos que ya hemos probado. Son seres vivos necesarios para nuestra vida, pero un reciente descubrimiento nos indica que están más vivos de lo que imaginábamos. Científicos dicen que tienen una especie de latido del corazón, es tan lento que nunca antes había sido notado.

Descubrieron que los troncos y las ramas de los árboles se contraen y expanden para “bombear” agua desde las raíces hasta las hojas, de manera similar a la forma en que nuestro corazón bombea sangre a través de nuestros cuerpos.

La única diferencia entre nuestro pulso y el de un árbol es que el de un árbol es mucho más lento, “latiendo” una vez cada dos horas más o menos, y en lugar de regular la presión arterial, el latido del corazón de un árbol, regula la presión del agua.

¿Los árboles tienen corazón?…lo cierto que emiten algo parecido a un latido

En su estudio el investigador Zlinszky y su colega Anders Barfod científicos de la Universidad de Aarhus, Países Bajos, usaron un escáner láser terrestre para monitorizar 22 especies de árboles y poder documentar cómo cambiaba la forma de las copas de estos árboles.

Los árboles tienen cambios periódicos en su forma, sincronizados en toda la planta, lo que implica cambios periódicos en la presión del agua. Aún desconocen el funcionamiento exacto, pero suponen que el tronco aprieta el agua empujándola hacia arriba a través del xilema, que es un sistema de tejido en el tronco que transporta agua y nutrientes a todas las ramas y las hojas.

Los árboles absorben los olores y gases contaminantes (óxidos de nitrógeno, amoníaco, dióxido de azufre y ozono) y filtran las partículas contaminantes del aire, atrapandolas en sus hojas y corteza. ¡Nos dan vida! También siempre han sido una fuente de curiosidad. Están en el centro de muchas terapias relacionadas con la relajación, el bienestar y la búsqueda de ósmosis con la naturaleza, todo ello debido a la energía que se supone que deben transmitir.

Para ver el artículo completo en Ecocasa: 

Los Árboles como Fuente de Vida

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Los Árboles como Fuente de Vida

Por Xavi Callejo – www.conscienciarborea.com

A nadie se le escapa que los árboles por su aportación al bien común son una forma de  fuente de vida, eso es una obviedad, para descubrir el origen de esta generosa función tenemos que remitirnos al astro rey: el Sol. El Sol es en esencia la fuente engendradora de vida más sustancial de nuestro sistema. En la mitología de muchas culturas el Sol es un Dios, las grandes civilizaciones, como la sumeria la egipcia, la mexica, la incaica, la maya, la china, la japonesa, la griega o en religiones como la hinduista, el astro rey ha ocupado un lugar central como dispensador de toda posibilidad de vida, adorado y venerado como a un Padre universal dador de luz, consciencia e inteligencia divinas.

En la actualidad la Física considera a la luz solar como el espectro total de radiación electromagnética proveniente del Sol, pero, la luz es mucho más que un solo fenómeno físico neutro, la luz contiene información y en su acción de engendrar vida infunde patrones y códigos de la propia estructura organizativa o consciencia a la que pertenece, infunde leyes universales de vida.

Los árboles captan más energía solar que cualquier otro ser vivo sobre la tierra y representan el 50 % de toda la energía captada por todos los organismos vivos. Sus hojas son placas solares a través de las cuales realizan sus funciones fisiológicas vitales, tales como la fotosíntesis, la respiración celular y la transpiración. El desarrollo y la vida de los árboles dependen enteramente de la cantidad de luz que puedan captar, están diseñados para vivir de ella.

Siendo los árboles los seres que más energía solar captan que cualquier otro ser vivo sobre la tierra, resulta evidente pensar que son también los seres que más códigos de la inteligencia solar contienen en sí mismos y por lo tanto los que más la recrean. El Sol da, emite, dispensa, es fuente de vida; los árboles son también fuente de vida y en su acción de dar (dan vida, aire, materias primas, alimentos y fragancias, cobijo, esplendor, fertilidad, riqueza, salud, color y un sinfín de cosas asociadas). En definitiva los árboles ejercen y reproducen el mismo rol y atributo dispensador que la naturaleza solar.

También cientos de tradiciones y mitologías de los pueblos y culturas del planeta referidas a practicas y cultos junto a los árboles corroboran esta afirmación considerando al árbol como un ser cercano a lo divino, asociado a la fuerza vital, al rejuvenecimiento, a la fertilidad y a la fecundidad, es decir, a factores que proporcionan, sostienen y aseguran la vida.

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