“Toca Madera”: su significado profundo
https://conscienciarborea.com/wp-content/uploads/2021/10/toca-madera.jpg 852 480 Consciencia Arbórea Consciencia Arbórea https://conscienciarborea.com/wp-content/uploads/2021/10/toca-madera.jpg“Toca Madera”, su significado profundo
En este pequeño artículo quiero desvelarte el origen y el sentido profundo de esta antigua creencia. Así podremos dejar de verla como una superstición y devolverle su significado y su valor, que lo tiene, y mucho.
Esta creencia está relacionada con la buena suerte, los buenos presagios y el hecho de alejar el infortunio. Hoy en día se sigue confiando en esas palabras, acompañadas del gesto de tocar algo de madera, como si tuvieran el poder de orientar el destino de las personas.
En cierto modo era así. Lo que ocurre es que hoy se pronuncia la fórmula sin saber por qué, y se toca madera muerta, manufacturada, de forma mecánica y sin sentimiento alguno. Eso, la verdad, no es demasiado coherente.
Entonces, veamos qué atesora esta popular tradición.
El origen
«Tocar madera» contiene una sabiduría muy, pero que muy antigua. Está relacionada con los árboles y con el orden natural que los rige, como manifestación y reflejo de las leyes universales.
Las culturas antiguas, por su contacto directo y vivo con la naturaleza, sí poseían ese conocimiento que hoy hemos perdido. Se alineaban con el orden natural y sus leyes universales.
Sabían que cada ser vivo estaba dotado de alma: plantas, árboles, insectos, fuentes, piedras, cuevas y elementos. Honraban esa vida sutil como un hecho normal, profundo y sagrado a la vez.
La existencia de lo que llamaríamos «otros reinos paralelos» era una creencia arraigada, fruto de la vivencia directa. Por eso los antiguos consideraban la naturaleza el hogar armonioso de un sinfín de seres y divinidades, hijas e hijos del mismo creador que los había creado a ellos. Era sumamente respetada.

Así era el caso de los árboles, en cada uno de los cuales se creía que habitaba un espíritu con cualidades mágicas y espirituales. A ciertos árboles y bosques se les ofrendaba y reverenciaba para encomendarse a su sabiduría, su fertilidad, su magia y su protección.
No debe extrañarnos, pues, que la buena suerte y el buen vivir estuvieran relacionados con rendir culto a los espíritus arbóreos. Se imploraban sus bendiciones para las cosechas, la caza, las lluvias, la familia, etc.
De igual modo, quien debía entrar en el bosque a abastecerse de madera sabía que alteraba la paz de sus espíritus. Lo apropiado era mostrar el debido respeto para no ofender a sus invisibles habitantes. No hacerlo podía acarrear consecuencias indeseadas.
Antes de cortar un árbol era necesario acercarse a él y tocarlo, mientras se le pedía permiso a su espíritu y se le comunicaba lo que se necesitaba de él. Así de sencillo. Obrar sin este acto o consentimiento era sinónimo de desalinearse del orden natural y quedar sujeto a la mala racha.
Todo en su justa medida
La naturaleza siempre está dispuesta a dar, a servirnos incondicionalmente. Pero eso no quita que tomemos de ella con respeto hacia su aspecto vital y espiritual, y en su justa medida.
Entonces, no es el acto de decir las palabras «toca madera» lo que hará que nuestro destino sea positivo. Se trata, más bien, de recuperar el sentido común y alinearnos de nuevo con el orden natural. Así recobraremos la coherencia con la vida, con el entorno y con sus ciclos.
Nosotros, como especie y como parte de la existencia, nos debemos a las leyes que rigen el Universo. Nos conviene conocerlas, respetarlas y corresponderlas.
Entrando en ese sentir generaremos armonía y equilibrio en nuestro día a día. Crearemos nuestra cuota de «buena suerte», y la misma vida, regida por esas leyes, nos traerá cosas beneficiosas y favorables.
¡Ah! Por cierto, no te dejes engañar cuando te digan que «toca madera» tiene que ver con la madera de la cruz de Cristo.
No tengo nada en contra de la figura de Jesús, más bien al contrario. Pero recuerda que hubo, hay y habrá vida más allá de las religiones.



































Los árboles absorben los olores y gases contaminantes (óxidos de nitrógeno, amoníaco, dióxido de azufre y ozono) y filtran las partículas contaminantes del aire, atrapandolas en sus hojas y corteza. ¡Nos dan vida! También siempre han sido una fuente de curiosidad. Están en el centro de muchas terapias relacionadas con la relajación, el bienestar y la búsqueda de ósmosis con la naturaleza, todo ello debido a la energía que se supone que deben transmitir.










Ver rostros enteros no es tan frecuente. Algunos solo se pueden observar desde un punto y una distancia concretos, o a una determinada hora del día. Otros son tan evidentes que nos preguntamos cómo la naturaleza ha sido capaz de desafiarse o burlarse de sí misma de esa manera.
Los Espíritus o Seres Arbóreos no son visibles, pero existen. Habitan en el aspecto energético e intangible de la materia y de los árboles. Tienen una «pequeña personalidad» muy en sintonía con su forma y sus características físicas. A menudo se sirven de esas formas caprichosas para hacerse más presentes e informarnos de que están ahí, con una sutil vibración que anima «su rostro». Cuando eso ocurre se abre una gran oportunidad: acercarnos a ellos y entregarnos a su energía, a su halo de magia y sabiduría.