Árboles y rostros: cuando lo intangible se hace tangible
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Por Xavi Callejo – www.conscienciarborea.com
¿Has sentido alguna vez una presencia sutil y conmovedora al observar los rostros en los árboles?
Rostros en troncos, ramas y raíces
A menudo observamos en la naturaleza un guiño de complicidad hacia nuestra especie. Las personas sensibilizadas con los bosques perciben en los troncos, las ramas y las raíces rostros o facciones que apuntan a semblantes humanos, de animales o de genios. ¿Quién no ha visto un ojo o una boca en el tronco de un árbol? ¿O unas piernas?
Ver rostros enteros no es tan frecuente. Algunos solo se pueden observar desde un punto y una distancia concretos, o a una determinada hora del día. Otros son tan evidentes que nos preguntamos cómo la naturaleza ha sido capaz de desafiarse o burlarse de sí misma de esa manera.
Una invitación al reino espiritual
En cualquier caso, los rostros arbóreos nos conectan con la diversión, el asombro y el misterio. Dan carácter a los árboles, y eso hace que los sintamos más familiares y más próximos. Por eso un rostro claro en un árbol suele ser una «invitación» a su propio reino espiritual y anímico. Aquí empieza la verdadera aventura.
Si los observamos desde la inocencia y la neutralidad, descubrimos que tras la inmovilidad de estos rostros subyace una movilidad: un susurro, una pulsión que colma el semblante de vida y de presencia (pre-esencia). Es una sensación muy fugaz y efímera, que no sabemos dónde ubicar porque nuestra mente no conoce ni comprende la naturaleza de lo que percibe.
Cuando lo intangible se hace tangible
Los Espíritus o Seres Arbóreos no son visibles, pero existen. Habitan en el aspecto energético e intangible de la materia y de los árboles. Tienen una «pequeña personalidad» muy en sintonía con su forma y sus características físicas. A menudo se sirven de esas formas caprichosas para hacerse más presentes e informarnos de que están ahí, con una sutil vibración que anima «su rostro». Cuando eso ocurre se abre una gran oportunidad: acercarnos a ellos y entregarnos a su energía, a su halo de magia y sabiduría.
Es en estos casos cuando lo intangible deviene tangible.
















