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Xavi Callejo Amat

Sintoísmo y Árboles Sagrados Kami

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Sintoísmo y Árboles Sagrados kami

Por Xavi Callejo www.conscienciarborea.com

Una pincelada sobre la antigua tradición espiritual japonesa y la sacralidad de sus bosques y árboles.

La visión original religiosa y espiritual de la cultura japonesa, el Sintoísmo, es una forma sofisticada del animismo que afirma la existencia de seres espirituales que se encuentran en la naturaleza o en niveles superiores de existencia. En el Shinto la naturaleza es sagrada. Esta en contacto con la naturaleza es estar cerca de los divinidad, y los objetos naturales son adorados como espíritus sagrados.

En Japón existen cientos de bosques sagrados repartidos por toda la gran isla cuidados y protegidos por monjes sintoístas herederos de una antigua tradición milenaria. En estos santuarios vivientes existen árboles longevos, especialmente sagrados, a los cuales se les considera y venera como Kami. Es raro encontrar un santuario Shinto que no tenga un árbol sagrado, los orígenes de los santuarios comenzaron con los árboles y su naturaleza simbólica puede permear la conciencia humana.

El término Kami no designa a las divinidades como a seres absolutos creadores del mundo y de la vida ya que no marca una diferencia entre el Ser Creador y lo creado. Las dos cosas son Creador y Creación a la vez. Como si se tratara de deidades personificadas al estilo de los dioses menores de la Grecia y Roma antiguas. Así pues, se denomina Kami a cualquier cosa que tenga un poder sobrehumano que pueda influenciar un gran conjunto de cosas.

Los monjes que habitan estos bosques milenarios permanecen en un continuo contacto con sus Kami o árboles sagrados; son pues artífices de prácticas y cultos que perduran vigentes en la actualidad y poseedores de un vasto conocimiento vivo sobre el mundo espiritual de los árboles o llamado también el reino de los Seres Arbóreos. El centro espiritual de la fe de Sintoísta, El Templo de Ise en los bosques de Kumano conduce más de 1.700 ceremonias cada año, incluyendo rituales mensuales, ofrendas y rezos para la paz de la nación y prosperidad, suplicas para la buena cosecha, etcétera.

Desde hace más de 1.300 años, cada 20 años se viene realizando La Ceremonia del Renacimiento, Shikinen Sengu, que consiste en reconstruir con maderas de árboles sagrados todo el Templo de Ise para así transferir la deidad a una vivienda nueva, de modo que la deidad renueva su espíritu y fortalece la vitalidad de la nación. La magnífica ceremonia, sin par en ninguna parte del mundo, ha renovado por generaciones el respeto a lo sagrado, preservando el ciclo de la naturaleza y consolidando el bosque en los corazones del pueblo japonés.

 

Las flores escuchan el zumbido de las abejas, lo que hace que su néctar sea más dulce

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Las flores escuchan el zumbido de las abejas, lo que hace que su néctar sea más dulce

Este artículo se publicó originalmente en nationalgeographic.com.

Hasta en los días más tranquilos, el mundo está plagado de sonidos: las aves cantan, el viento sopla entre los árboles y los insectos zumban. Los oídos de presa y depredador están afinados para detectar la presencia del otro.

El sonido es tan elemental para la vida y la supervivencia que hizo que Lilach Hadany, investigadora de la Universidad de Tel Aviv, se preguntase: ¿Y si los animales no fueran los únicos seres capaces de sentir el sonido? ¿Y si las plantas también pudieran? Los primeros experimentos para poner a prueba esta hipótesis, publicados recientemente en el servidor de bioRxiv, sugieren que las plantas pueden escuchar, al menos en un caso, y que esto les confiere una ventaja evolutiva.

El equipo de Hadany analizó onagras costeras (Oenothera drummondii) y determinó que, minutos después de detectar las vibraciones de las alas de los polinizadores, las plantas aumentaron temporalmente la concentración de azúcar del néctar de sus flores. En efecto, las propias flores hacían las veces de oídos que captaban las frecuencias específicas de las alas de las abejas y descartaban sonidos irrelevantes como el viento.

El sonido más dulce

Como teórica evolutiva, Hadany afirma que su pregunta se vio motivada por la idea de que los sonidos son un recurso natural ubicuo que las plantas desperdiciarían si no se aprovecharan de ellos como los animales. Supuso que, si las plantas tuvieran una forma de escuchar y responder al sonido, esto podría ayudarlas a sobrevivir y transmitir su legado genético.

Como la polinización es fundamental para la reproducción de las plantas, el punto de partida de la investigación fueron las flores. La onagra costera, que crece salvaje en las playas y parques de Tel Aviv, se convirtió en una buena candidata, ya que tiene un tiempo de floración largo y produce cantidades de néctar cuantificables.

Pero en las plantas expuestas a las grabaciones de sonidos de abeja (0,2 a 0,5 kilohercios) y sonidos de baja frecuencia (0,05 a 1 kilohercio), el análisis final reveló una respuesta inconfundible. Tras tres minutos de exposición a estas grabaciones, la concentración de azúcar de las plantas experimentó un increíble aumento del 20 por ciento.

Su teoría sostiene que ofrecer un néctar más dulce a los polinizadores podría atraer más insectos y quizá aumentar las probabilidades de conseguir polinización cruzada. De hecho, en observaciones de campo, los investigadores descubrieron que los polinizadores eran nueve veces más comunes en torno a plantas que habían sido visitadas por otro polinizador en los seis minutos anteriores.

«Nos sorprendió bastante descubrir que funcionaba de verdad», afirma Hadany. «Pero, tras repetirlo en otras situaciones, en estaciones diferentes y con plantas de interior y exterior, estamos muy seguros del resultado».

Flores a modo de oídos

Aunque el equipo tuvo en cuenta el funcionamiento del sonido, por la transmisión e interpretación de vibraciones, el papel de las flores se volvió más intrigante. Aunque las flores varían mucho en forma y tamaño, muchas son cóncavas o tienen forma de cuenco. Esto las hace perfectas para recibir y amplificar ondas de sonido, como si fueran antenas parabólicas.

Para poner a prueba los efectos vibratorios de cada frecuencia de sonido analizada, Hadany y su coautora Marine Veits, entonces estudiante de posgrado en el laboratorio de Hadany, colocaron las onagras costeras en una máquina denominada vibrómetro láser, que mide los movimientos más minúsculos. A continuación, el equipo comparó las vibraciones de las flores con las de los diversos tratamientos de sonido.

«Esta flor en particular tiene forma de cuenco, por eso, en lo que a acústica se refiere, tiene sentido que este tipo de estructura vibre y aumente la vibración dentro de sí misma», explica Veits.

Y, de hecho, lo hizo, al menos en las frecuencias de los polinizadores. Hadany cuenta que fue emocionante observar cómo las vibraciones de la flor concordaban con las longitudes de onda de la grabación de abejas. «Enseguida se ve que funciona», afirma.

Para confirmar que la flor era la estructura responsable, el equipo también llevó a cabo pruebas en flores a las que quitaron uno o más pétalos. Dichas flores no resonaron con ninguno de los sonidos de baja frecuencia.

¿Qué más pueden oír las plantas?

Hadany reconoce que esta nueva habilidad de responder al sonido descubierta en las plantas plantea muchas incógnitas. ¿Son algunos «oídos» mejores que otros para determinadas frecuencias? Y ¿por qué la onagra costera elabora un néctar mucho más dulce cuando se sabe que las abejas pueden detectar cambios en la concentración de azúcar tan minúsculos como del uno al tres por ciento?

Y ¿podría esta capacidad conferir otras ventajas además de la producción de néctar y la polinización? Hadany propone que quizá las plantas se alerten las unas a las otras del sonido de herbívoros que se alimentan de sus vecinas. O quizá puedan generar sonidos que atraigan a los animales implicados en dispersar las semillas.

«Debemos tener en cuenta que las flores han evolucionado con los polinizadores durante mucho tiempo», afirma Hadany. «Son entidades vivas y también necesitan sobrevivir en el mundo. Es importante que puedan sentir su entorno, sobre todo si no pueden ir a ninguna parte».

Este estudio ha abierto un nuevo campo de investigación científica que Hadany denomina fitoacústica.

Veits quiere investigar los mecanismos subyacentes responsables del fenómeno que observó el equipo de investigación. Por ejemplo, ¿qué procesos moleculares o mecánicos producen la respuesta de la vibración y el néctar? También espera que el trabajo reafirme la idea de que no siempre se necesita un órgano en el sentido tradicional para percibir el mundo.

«Algunas personas pueden preguntarse: ¿cómo pueden escuchar u oler las plantas?», explica Veits. «Espero que la gente entienda que no solo se escucha con los oídos».

Richard Karban, experto en interacciones entre las plantas y sus pestes en la Universidad de California, Davis, también tiene preguntas. En especial, sobre las ventajas evolutivas de las respuestas de las plantas al sonido.

«Podría ser posible que las plantas fueran capaces de sentir químicamente a sus vecinas y evaluar si otras plantas a su alrededor están fertilizadas o no», afirma. «No hay pruebas de que ocurran estas cosas, pero [este estudio] ha dado el primer paso».

Este artículo se publicó originalmente en inglés en nationalgeographic.com.

Los Árboles como Fuente de Vida

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Los Árboles como Fuente de Vida

Por Xavi Callejo – www.conscienciarborea.com

A nadie se le escapa que los árboles por su aportación al bien común son una forma de  fuente de vida, eso es una obviedad, para descubrir el origen de esta generosa función tenemos que remitirnos al astro rey: el Sol. El Sol es en esencia la fuente engendradora de vida más sustancial de nuestro sistema. En la mitología de muchas culturas el Sol es un Dios, las grandes civilizaciones, como la sumeria la egipcia, la mexica, la incaica, la maya, la china, la japonesa, la griega o en religiones como la hinduista, el astro rey ha ocupado un lugar central como dispensador de toda posibilidad de vida, adorado y venerado como a un Padre universal dador de luz, consciencia e inteligencia divinas.

En la actualidad la Física considera a la luz solar como el espectro total de radiación electromagnética proveniente del Sol, pero, la luz es mucho más que un solo fenómeno físico neutro, la luz contiene información y en su acción de engendrar vida infunde patrones y códigos de la propia estructura organizativa o consciencia a la que pertenece, infunde leyes universales de vida.

Los árboles captan más energía solar que cualquier otro ser vivo sobre la tierra y representan el 50 % de toda la energía captada por todos los organismos vivos. Sus hojas son placas solares a través de las cuales realizan sus funciones fisiológicas vitales, tales como la fotosíntesis, la respiración celular y la transpiración. El desarrollo y la vida de los árboles dependen enteramente de la cantidad de luz que puedan captar, están diseñados para vivir de ella.

Siendo los árboles los seres que más energía solar captan que cualquier otro ser vivo sobre la tierra, resulta evidente pensar que son también los seres que más códigos de la inteligencia solar contienen en sí mismos y por lo tanto los que más la recrean. El Sol da, emite, dispensa, es fuente de vida; los árboles son también fuente de vida y en su acción de dar (dan vida, aire, materias primas, alimentos y fragancias, cobijo, esplendor, fertilidad, riqueza, salud, color y un sinfín de cosas asociadas). En definitiva los árboles ejercen y reproducen el mismo rol y atributo dispensador que la naturaleza solar.

También cientos de tradiciones y mitologías de los pueblos y culturas del planeta referidas a practicas y cultos junto a los árboles corroboran esta afirmación considerando al árbol como un ser cercano a lo divino, asociado a la fuerza vital, al rejuvenecimiento, a la fertilidad y a la fecundidad, es decir, a factores que proporcionan, sostienen y aseguran la vida.

Árboles y rostros: cuando lo intangible se hace tangible

1024 632 Consciencia Arbórea

Árboles y rostros: cuando lo intangible se hace tangible

Por Xavi Callejo – www.conscienciarborea.com

¿Has sentido alguna vez una sutil pero conmovedora presencia observando a un árbol que posee rostro?

A menudo observamos en la naturaleza un guiño de complicidad hacia nuestra especie los seres humanos. No es extraño para aquellas persones sensibilizadas con los bosques apercibir en los troncos, en las ramas y en las raíces de los árboles rostros o facciones que apuntan a semblantes humanos, de animales o de genios. ¿quien no ha visto un ojo o una boca en el tronco de un árbol?, o ¿unas piernas?

Ver rostros enteros no es tan frecuente, algunos sólo se pueden observar desde un punto y una distancia concretes o a una determinada hora del día. Otros son tan evidentes que hasta nos preguntamos como es posible que la naturaleza haya sido capaz de desafiarse o burlarse de si misma de esa manera.

En cualquier caso los rostros arbóreos nos conectan con la diversión, el asombro y el misterio, pues le dan carácter a los árboles, y eso es lo que hace que los sintamos más familiares, más próximos. Tal es así por que un rostro claro en un árbol suele ser también una “invitación” a su propio reino espiritual y anímico. Aquí empieza la verdadera aventura.

Si los observamos desde la inocencia y la neutralidad podemos apreciar que detrás de la inmovilidad de estos rostros subyace una movilidad, un susurro, una pulsión que colman ese semblante de vida, de presencia (pre-esencia). Sí, es muy fugaz y nos deja una sensación efímera que no sabemos en donde ubicarla porqué nuestro mental no conoce ni comprende la naturaleza de lo que estamos percibiendo.

Los Espíritus o Seres Arbóreos no son visibles pero están, existen, habitan en el aspecto energético e intangible de la materia, de los árboles, y tienen su “pequeña personalidad” muy en sintonía con su forma y sus características físicas. A menudo ellos se sirven de esas caprichosas formas para hacerse más presentes e informarnos de que están ahí con una sutil vibración que anima “su rostro”. Cuando eso ocurre se abre una gran oportunidad par acercarnos a ellos y entregarnos a su energía y a su halo de magia y sabiduría.

Es en estos casos cuando lo intangible deviene tangible.

El influjo saludable de Árboles y Bosques

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El influjo saludable de Árboles y Bosques

Por Xavi Callejo – www.conscienciarborea.com

Hoy en día en nuestra sociedad moderna y urbanita existe un gran déficit de naturaleza. Las ciudades y los espacios que hemos creado nos enferman por qué nos mantienen separados de los entornos naturales.

La naturaleza siempre ha sido nuestro hogar, des de nuestro origen, estamos adaptados a ella y en ella recobramos el pulso vital de la vida. Uno de los entornos naturales que nos permite recuperar este pulso vital de forma muy plausible son los bosques y sus árboles. El contacto con árboles y bosques es beneficioso para nuestra salud física, emocional y psicológica.

En Japón son conocidos los “baños de bosque”, des de hace ya más de 30 años: paseos silenciosos en bosques longevos que conservan su originalidad sin intervención humana. Los efectos terapéuticos de estas practicas son avalados por la ciencia con resultados demostrados sobre el estrés, el bienestar y la salud en general de las personas.

Pero, ¿a qué se debe que árboles y bosques tengan ese poder beneficioso sobre nosotros los seres humanos?

El aspecto físico de los árboles

Aunque no seamos muy conscientes de ello, la vida física de los árboles, su presencia de formas, colores y esencias, poseen un influjo benefactor sobre nosotros los seres humanos. Las formas arbóreas nos sugieren y transfieren siempre las virtudes que ellos mismos “encarnan” como fuerza, poder, solidez, firmeza, protección, paz, belleza, dulzura, flexibilidad, misterio, sabiduría, inmortalidad, eternidad, grandeza, incorruptibilidad, tolerancia, y un largo etcétera.

Los colores del reino vegetal y de los bosques son inigualables e irrepetibles. El color cuando está asociado a la vida produce un impacto en nuestros estados de ánimo. En un bosque en donde predomina el color verde seremos visualmente inducidos al sosiego, a la paz, al factor vida y a la confianza.

Las aromas y esencias que emanan de los bosques tienen una influencia directa en nuestros cuerpos. Árboles y plantas producen unas sustancias volátiles y no volátiles denominadas fitoncidas, cuyo efecto al inhalarlas relaja y activa nuestro sistema inmunitario: Los bosques son una fuente aroma-cromo-terapéutica natural.

El aspecto energético de los árboles

Otro aspecto provechoso de los bosques, responde a lo que comúnmente llamamos “su energía”. Los árboles y todo su reino están en perfecta concordia con el campo vital de la Tierra, ellos extraen la fuerza vital del voltaje asociado a la vida y propagan estos campos vibracionales teniendo un impacto pacificador para el resto de seres vivos. Por pura simpatía equilibran y armonizan a todo ser humano que esté a su alcance.

Aún así, todos tenemos la capacidad de percibir de forma consciente estos campos vibracionales no visibles al contacto físico y directo con los árboles. Existen técnicas expresas para captar esas energías, que se manifiestan en nosotros, una vez absorbidas, en forma de una poderosa calma regeneradora. Los árboles son una fuente energética-terapéutica natural.

El aspecto causal de los árboles

Más allá de estos aspectos físicos y energéticos de los árboles existe un aspecto causal que es origen de profundos efectos beneficiosos sobre nosotros: su naturaleza o estado esencial. El Reino arbóreo reposa y vive en un estado No dual, que es anterior a la mente racional, desconoce por lo tanto el estado de “separación” en el que vivimos los seres humanos y manifiesta la vida en toda su fuerza y magnitud, cómo en un estado de gracia continua. Y aún más, los árboles son fuente de vida y responden al propósito de servir al resto de seres vivos de forma altruista. Nuestras vidas dependen enteramente de ellos y del aire que generan y en su conjunto, cumplen una función paradigmática para nuestra existencia y nuestro despertar.

Un conjunto de árboles, un bosque, forman una gran red de vida inteligente que vela por la vida y la evolución en común. Siendo nosotros, como humanidad, parte de la vida en este planeta podemos afirmar que estamos al amparo de esta red arbórea. Si sabemos observar y reconocer la naturaleza de ese mundo causal arbóreo y ponernos a su merced tendremos una gran oportunidad de recuperar nuestro estado de arraigo a la vida y una nueva posibilidad de ocupar nuestro lugar como cuidadores y guardianes de estos bosques, antaño sagrados:
Los bosques son una gran fuente natural de sabiduría.

Resulta imposible contrarrestar in situ los efectos positivos y restauradores que experimentamos en los bosques ya que todo aquello que son y que propagan sus árboles ejerce un efecto directo sobre el sistema límbico de nuestro cerebro, es decir, el sistema que maneja las respuestas instintivas o automáticas que tiene muy poco, o posiblemente nada, que ver con los pensamientos conscientes o la voluntad.

En un bosque estamos pues expuestos de forma irremediable a las “buenas energías”, a la sanción, a la magia, a la verdad y a la excelencia! Y todo ello repercute en nuestra salud y en nuestro estado de paz interno acercándonos a la propia libertad interior.

Unas cuantas razones para acercarse a los bosque y a los árboles

  • Nos refuerza el sistema inmunológico e incrementa la formación de células anticancerígenas
  • Nos sosiega y hace que desciendan nuestros niveles de estrés
  • Nos sitúa en resonancia con el campo vibracional de la Tierra de forma automática
  • Nos armoniza y nos ayuda a liberar nuestras emociones
  • Nos calma la mente y nos libera del exceso de pensamiento racional
  • Nos infunde paz, seguridad, confianza y aceptación
  • Nos conecta a la vida y nos proyecta hacia la alegría y las ganas de vivir
  • Nos conecta con nuestra sabiduría interior y el poder de decisión
  • Nos conecta con el instinto y a la supervivencia
  • Nos da “tomar tierra”, a ser más estables y ecuánimes
  • Nos lleva a ser más coherentes con nosotros mismos
  • Nos pone en el camino de la toma de responsabilidad con la vida y la protección de la misma
  • Nos lleva a restaurar nuestro vínculo con la naturaleza
  • Nos da valores éticos elevados y nos conecta de nuevo al Bien Común
  • Nos permite percibir la unicidad de la Creación

 

 

 

¿Porqué cuando ves cortar a un árbol sientes desgarrarte por dentro?

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¿Porqué cuando ves cortar un árbol sientes desgarrarte por dentro?

Por Xavi Callejo – www.conscienciarborea.com

A muchas personas nos ocurre que cuando vemos cortar (o cuando vemos que han cortado) a un árbol nos estremecemos y sentimos que algo dentro de nosotros se desgarra tal como si nos estuvieran cortando a nosotros mismos. Tenemos la impresión de que se ha cometido un crimen, queda un espacio vacío físico en el lugar de los hechos y una sensación fuerte de desolación, de alarma y de haber presenciado un atentado contra la vida. Eso nos lleva al llanto quizás, a sentirnos desubicados durante minutos u horas y nos llena de un profundo sentimiento de impotencia y de injusticia. Esto que nos pasa es normal porqué somos personas sensibles y seguramente sensitivas.

A veces de forma inconsciente, y consciente también, establecemos vínculos con los árboles de nuestro entorno cotidiano, de nuestro jardín o de un parque o de algún lugar que frecuentamos, árboles que no nos han dejado indiferentes, árboles a los que nos hemos acercado o árboles cuya simple observación nos alegra el día. Siempre que tenemos un sentir, una emoción o un pensamiento para un árbol o un grupo de ellos debemos saber que todo aquello que emitimos ellos lo reciben, es decir, ellos registran todo lo que acontece a su alrededor y saben de nuestro amor y respeto por la naturaleza y de nuestras apreciaciones y cumplidos. Los árboles son extremadamente seres sensibles e inteligentes. De igual modo los árboles irradian informaciones y contenidos que podemos llegar a percibir más aún cuando hemos establecido estos vínculos.

Los árboles cortados recuerdan cadáveres de una batalla

Ocurre lo siguiente: cuando a estos amigos los van a cortar o los están cortando recibimos de ellos su “señal de alarma” cuya frecuencia se irradia y viaja a través del cuerpo mental de la Tierra o Noosfera (según Pierre Teilhard de Chardin, “la Noosfera es el lugar donde ocurren todos los fenómenos del pensamiento y la inteligencia”). Pero su señal de alarma es más intensa y prolífica de lo que parece a simple vista: ciertamente es la de un ser vivo, un Ser arbóreo, que está sufriendo; aun así en ella se expresa mucho más que un individuo, se expresa toda la inteligencia arbórea aclamando por la perdida que supone para la vida en su conjunto. Un atentado contra un árbol es un atentado contra la vida y la evolución en el planeta. Los árboles son conscientes de ello: si ellos desaparecen difícilmente se podrá dar la vida vegetal, animal y humana tal y como la conocemos. Entonces en esa experiencia recibimos toda esa carga, ese crimen a la globalidad, aún que no seamos consciente de ello, nuestro sentido común advierte de que esa acción no debería de tener lugar y nuestro cuerpo y nuestro sentir reaccionan de forma instintiva y abrupta.

Pero aún hay más: están las memorias que guarda nuestro inconsciente y que están en nuestro cuerpo. Cuando vemos cortar un árbol se suelen activar automáticamente las memorias de nuestras perdidas. Por un lado están las memorias de perdida a nivel personal; nuestros duelos, nuestro abandono o las huellas de aquellas experiencias tempranas que nos hicieron distanciar de nuestra libertad y de nuestro Ser. El dolor guardado que todavía no fue expresado puede reaparecer delante de la tala de los árboles. Y por otro lado están las memorias de perdida a nivel global: la perdida del vínculo entre el Ser Humano y la Madre Naturaleza que ha significado para nuestra especie. Se trata de una memoria ancestral que nos conduce al infortunio que sufrieron nuestros antepasados lejanos: una perdida que no fue deseada sino más bien forzada.

El Culto a los Árboles 

El Culto a los Árboles en nuestras tierras fueron prácticas de gran importancia en el mundo Íbero y Celtíbero, mayoritariamente extendidas por los Pirineos y las zonas más boscosas de la península como nos explica el historiador, antropólogo y folclorista Julio Caro Baroja en el capítulo “Culto a los árboles y mitos y divinidades arbóreas”  de su libro Ritos y mitos equívocosExisten numerosas pruebas de la sacralidad de nuestros bosques. En el siglo III, el Cristianismo se instauró como la religión oficial del Imperio Romano: proclamó la existencia de un dios único revelado por la Biblia y tachó de idolatría y paganismo la adoración de los seres divinizados de la naturaleza. Con ello empezó la persecución de todas las antiguas creencias y tradiciones, en esencia animistas, con la intención de ser erradicarlas. La destrucción y profanación de los lugares y bosques sagrados fueron procedimientos habituales para imponer la nueva religión. En el Concilio de Toledo del año 661 se anunció la persecución y castigo de …“los adoradores de los ídolos, los que veneran piedras, encienden antorchas y dan culto a árboles y fuentes”.

San Bonifacio cortando el roble Sagrado de los Druidas, (Cristiandad y Civilización)

En centro Europa Carlomagno fundador del Imperio Franco sometió a los pueblos Sajones y mandó talara su roble sagrado de los Druidas. Con iguales métodos actuó el evangelizador San Bonifacio. Con los siglos miles de personas fueron quemadas en la hoguera por no renunciar a sus tradiciones o por el simple hecho de poseer conocimientos sobre las plantas y sobre sus usos. Estos episodios trágicos significaron pues el inicio de la perdida de ese vínculo ancestral de nuestras sociedades con la Naturaleza que a día de hoy aún nos pesa y daña siendo parte en gran medida de lo que podemos llamar nuestra desconexión o desarraigo.

Promover la desconexión de nuestro vínculo con la naturaleza sigue en vigor actualmente (Fotograma de la película Avatar)

Resumiendo: cuando vemos cortar a un árbol percibimos ese dolor, el atentado a la vida global, entonces nos ponemos en alerta, nos indignamos, nos afligimos y de forma involuntaria nos llenamos del dolor del “recuerdo” de las perdidas que sigue albergando nuestro cuerpo como individuos, como sociedad y como especie.

Mi consejo es que delante de estas acciones no juzgues a las personas que lo hacen ni a sus jefes, ni a los políticos que lo permiten, más bien aprovecha esta oportunidad para sanar estas huellas y para tomar consciencia de tu potencial para re-vincularte a la Madre Naturaleza. Con ello serás una gran herramienta para concienciar y proteger a nuestros hermanos los árboles.

Sensaciones y sentimientos contradichos difíciles de describir ante semejantes atentados

conexión con los árboles Maestros

País de Irás y no Volverás

1024 591 Consciencia Arbórea

conexión con los árboles Maestros

País de Irás y no Volverás

Por Xavi Callejo – www.conscienciarborea.com

¿Conoces el País de Irás y no Volverás? Es muy posible que sí, puede que hayas oído hablar de él, o que te suene de alguna leyenda, o puede que incluso lo hayas percibido alguna vez sin darte cuenta de ello. ¡Pero ojo! esta lejana tierra no es lo que te imaginas…dejemos ya la inmadurez, dejemos las ensoñaciones fantasiosas y adentrémonos con honestidad a conocer y reconocer las otras realidades que nos rodean.

El País de Irás y no Volverás existe, existe más allá de nuestras creencias, más allá de nuestra personalidad, más allá de nuestras fantasías… existe en una realidad aparte, no ordinaria, en un lugar al que podríamos llamar: “otra dimensión”. Yo estuve una vez en ese mágico lugar y ya nunca más volví, por eso es que quiero compartirlo contigo. Deja que te cuente mi experiencia.

Siempre he sido una persona muy curiosa y muy abierta de mente; en aquellos tiempos andaba buscando algo que sentía habíamos perdido en el camino: nuestras raíces, nuestras tradiciones, nuestro vínculo ancestral con la naturaleza…Quería conocer qué era exactamente lo que nuestros antepasados veían y honraban en la naturaleza.

De forma inocente, pero no fortuita, un día me acerqué a una monumental encina centenaria, al contemplarla un cosquilleo recorrió mi cuerpo. Subí a sus anchas ramas y guardé una actitud abierta y receptiva. Con los ojos cerrados pronuncié unas palabras a modo de invocación, una formula que había leído en un libro. Cuando los abrí, seguía viendo la misma corteza pero advertí asombrado que estaba dotada de vida, de sentir, como si una sutil fuerza palpitara en su interior. Luego ese palpitar se transformó en la llamada de un Ser a abrazarle. Fue un deseo irresistible y magnético de unirme a él. Entonces abracé esa enorme rama, la encina, y repentinamente me invadió un sentimiento difícil de describir, sentí como estar en casa de nuevo: un hondo reencuentro. Mi corazón se fundió en un mar de alegría y correspondencia, igual que si me abrazara a un amigo del alma.

La encina, el ser que la habitaba, me transmitió elogios por mi forma de respetar y amar la naturaleza. Aunque sus palabras fueron expresadas por mis propias emociones, ni se me ocurrió juzgar ni dudar de si lo que me estaba sucediendo era o podía ser cierto. Tocaba tan profundamente mi corazón y mi cuerpo, de un modo tan esencial, que mi mente no pudo más que silenciarse. Enloquecí de excitación, quería gritar a los cuatro vientos: “¡El Reino Mágico existe!, ¡Estoy hablando con un árbol!”

Poco a poco y sin darme cuenta me encontré sumido en un halo de dulzura y armonía del que seguro nadie quisiera desprenderse nunca. Al levantar la mirada observé que ese estado que me acaparaba reinaba en cualquier rincón, se extendía por todo el bosque. Todo permanecía inmerso en una sinfonía llena de armonía en dónde el tiempo parecía haberse detenido: ningún árbol, planta o ser era más bello o mejor que otro. El conjunto poseía, aún siendo imperfecto a nuestros cánones, una prístina belleza que otorgaba asimismo perfección, inteligencia, bondad y poesía. Toda la naturaleza gozaba y danzaba al son de la plenitud y la inocencia permaneciendo cada elemento en el momento y el lugar adecuado.

Después de estar un largo rato inmerso en esa sinfonía advertí que había empezado a oscurecer, era el momento de retirarme. Colmado de agradecimiento y con mucha prudencia me despedí de la encina. No quería romper la magia ni la sinfonía y para ese fin traté de no hacer ningún ruido, ningún un gesto de más, dejaba atrás lo que para mi ya era un santuario natural.

De vuelta a casa me invadía un profundo y pacífico sentir y una gran fuerza interior. Me sentía transformado. Tenía la mente inusualmente lúcida y una gran comprensión de todo lo ocurrido. Había conectado con una realidad aparte, más sutil, y asimismo esa otra realidad era igual de real o incluso más real que la ordinaria. Una realidad de carácter “inteligente en si misma” y significativamente más vivaz y esencial. Dicho en otras palabras: había sido el protagonista de mi propia leyenda, de mi propio viaje al País de Irás y No volverás. 

Y efectivamente así es: llegué a una nueva comprensión de la realidad de la que ya nunca he podido regresar. Ese día sentí por primera vez a un Ser Arbóreo (el espíritu de un árbol), me fundí con ese aspecto energético y espiritual de la encina y morí simbólicamente a la concepción de la realidad ordinaria física y tangible para entrar en la percepción de un reino más sutil, una dimensión energética y espiritual de la Naturaleza. Morí simbólicamente para renacer a un nuevo paradigma.

Mi búsqueda no había sido en vano, con la vivencia pude comprender que nuestras antiguas tradiciones paganas fueron las portadoras de una verdadera sabiduría ancestral: el conocimiento de El Mundo de los Seres Elementales de la Naturaleza y su aspecto sagrado. El legado folklórico y mitológico de cuentos y leyendas sobre seres sobrenaturales, con su lenguaje alegórico, cobran de repente sentido real si uno sabe ver sus matices. Hadas, Duendes, Gnomos, Elfos, Dríades, Ninfas, Devas, Sirenas, Genios, Dragones y un largo etcétera, no son seres creados por la pura fantasía humana, ni tampoco seres físicos de carne y hueso, sino más bien son el alma que habita en la naturaleza, propia de árboles, bosques, fuentes, pozas, mares, lagos, cuevas, montañas y otros lugares.

 Deseo que algún día te atrevas a romper tus creencias, expandas tu percepción, salgas de viaje y encuentres el País de Irás y no Volverás.

Autor: Xavi Callejo / Consciencia Arbórea
Muere una secuoya milenaria

Adiós a un símbolo californiano

800 571 Consciencia Arbórea

Adiós a un símbolo californiano

Las intensas lluvias que azotan California desde este fin de semana se llevan por delante una secuoya convertida en túnel hace más de un siglo

Imagen:’La Cabaña del Pionero’, tras ser derribado por las fuertes tormentas en California. RICH PEDRONCELLI (AP) / EPV

Una nube se cierne sobre California en esta transición de poder en la Casa Blanca. Una nube enorme, que ha dejado lluvias récord en el norte y cuyo efecto más visible es la desaparición de un icono de los parques californianos, una secuoya que era un clásico de las fotos familiares. El árbol, conocido como La Cabaña del Pionero y situado en el Parque Estatal de Calaveras, al norte del Parque Nacional de Yosemite, fue derribado el pasado domingo por la tormenta que está empapando California.

El árbol tenía 2.000 años de antigüedad y un diámetro en su base de más de 10 metros. Lo que le hacía especial era el túnel excavado en su base por el que se podía pasar andando o incluso conduciendo antiguamente. Hay varias secuoyas así a lo largo de los parques de la sierra, como atractivo turístico. Esta fue perforada hace 130 años y llevaba tiempo muerta. Miles de personas tienen fotos de recuerdo debajo del árbol, hasta el punto de que la peregrina noticia de su derrumbe (“Un árbol grande cae en el bosque”, tituló el Los Angeles Times), ha emocionado a los californianos.

Nadie más se hará esa foto. El árbol tenía nombres grabados de hace un siglo, de la época en que el naturalista John Muir descubrió esos bosques. Sus restos se quedarán donde han caído, informaron los responsables del parque a la prensa local. Solo hay que buscar una forma de desviar el camino que pasaba por debajo.

El árbol, antes de ser tumbado por la tormenta.El árbol, antes de ser tumbado por la tormenta. MICHAEL BROWN AP
 La pérdida de La Cabaña del Pionero ha sido la consecuencia más pintoresca de un sistema de tormentas que los científicos no habían visto en una década en California. El fenómeno, conocido como el Pineapple Express, un río atmosférico de aire húmedo que viene de Hawái y que ha dejado lluvias no vistas en años en el norte del Estado. Incluso ha hecho saltar las alarmas en el sur de Nevada, una zona desértica donde la lluvia más ligera puede provocar deslaves y cortes de carreteras. El gobernador Brian Sandoval declaró el estado de emergencia en Nevada.

Desde el sábado llueve sin cesar en el norte del Estado y con paradas, pero también de una manera extraordinaria, en Los Ángeles. En cualquier otro lugar templado son días de invierno normales. En California, ha sido en parte la ausencia de este fenómeno lo que ha provocado que el Estado afrontara su quinto año consecutivo de sequía. Aún es pronto para valorar la aportación de estas tormentas, pero los primeros datos permiten ser optimistas.

El lunes, las autoridades tuvieron que abrir las compuertas en el lago Folsom y en el río Sacramento para liberar agua. El río Merced llegó a su límite de caudal el domingo. Lo más importante es que se espera nieve por encima de la cota de 1.800 metros. La falta de reserva de nieve era la mayor preocupación de las autoridades del Estado durante la sequía, ya que son las montañas las que alimentan el sistema de trasvases que hace posible el suministro a San Francisco y Los Ángeles. Hace dos años, el gobernador se hizo una foto en un campo pelado donde debería haber nieve. Esa poderosa imagen contribuyó a tomar conciencia de la sequía y le permitió aprobar las primeras restricciones de agua obligatorias de la historia de California.

Fuente: PABLO XIMÉNEZ DE SANDOVAL , El País

sVideo del Proyecto Consciencia Arbórea, restaura tu vínculo con la Naturaleza

Proyecto Consciencia Arbórea – Restaurar el vínculo con la Naturaleza, de Xavi Callejo Amat

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Proyecto Consciencia Arbórea – Restaurar el vínculo con la Naturaleza, de Xavi Callejo Amat

Consciencia Arbórea es un proyecto que integra el modo de ver, sentir y entender el Reino Arbóreo, una visión que actualiza el paradigma sobre la vida y la manifestación de los árboles. El objetivo principal es restaurar el profundo vínculo que existe entre el Ser Humano y la Naturaleza a nivel emocional y espiritual a través de los Árboles Maestros. Con ello recuperamos la sabiduría de nuestras tradiciones espirituales originales más antiguas: el Culto a los Árboles, por ejemplo.

CONECTAR Y COMUNICARSE CON LA NATURALEZA
Todos tenemos la capacidad innata de comunicar con la naturaleza, no es algo que le sucede a unos pocos, es un potencial que está latente en ti, de hecho es un fenómeno humano y natural pero que acontece en el corazón, más allá del intelecto. Seguramente esa capacidad no la has desarrollado por qué no eres consciente de ella. Pero recuerda, cuando eras niño o niña, como te comunicabas con el entorno, era una comunicación emocional e instintiva y no solo con el resto de personas, tu percepción era más viva, más sentida. Conectar y comunicarse con la Naturaleza no es ni fácil ni difícil, no está lejos ni de ti ni de nadie, es de hecho algo humano y natural. En Consciencia Arbórea encontrarás las pautas necesarias y las actividades que precisas para que puedas tener tu propia vivencia! para ello organizamos encuentros y cursos en espacios naturales escogidos, bajo una metodología que te va a permitir caminar junto a tu sensibilidad y conectar rápidamente con tu sabiduría interior.

EL REINO ARBÓREO
Los árboles son más que seres físicos, representan y “encarnan” los atributos de una consciencia plural, la Consciencia Arbórea, que existe como una gran red de inteligencia o campo de información que vela por la vida y la evolución común en el planeta. El Reino Arbóreo es fuente de vida y responde al propósito de servir al resto de seres vivos de forma altruista. Nuestras vidas dependen enteramente de él y del aire que genera, y en su conjunto cumple una función paradigmática para nuestra existencia y nuestro despertar. En su propia vida y en su naturaleza está su mensaje, un mensaje simple y poderoso, un mensaje de Amor incondicional y Vida. ¿Estamos preparados para corresponder a tan elevada forma de ser y existir?

EL CULTO A LOS ÁRBOLES
El Culto a los Árboles en nuestras tierras fueron prácticas de gran importancia en el mundo Íbero y Celtíbero, mayoritariamente extendidas por los Pirineos y las zonas más boscosas de la península historiador. Nuestros antepasados y ancestros veneraron a los Árboles Maestros, los llamados Árboles Sagrados, se reunían bajo sus copas para tomar decisiones, para hacer juramentos y para impartir justicia. Ellos conocieron su sabiduría y recibieron sus enseñanzas.
Recuperar el vínculo con los árboles Maestros significa entrar en la memoria de un saber ancestral que nos pertenece.

¿Quieres descubrir tu capacidad para conectar y comunicarte con los Árboles y con la Naturaleza?
CONSCIENCIA ARBÓREA ES UNA HERRAMIENTA ANCESTRAL DE LA NATURALEZA A TU ALCANCE

 

 

 

 

Enarbolar grandes árboles para la vida

“EnArbolar, Grandes Árboles para la vida”

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Las Palmas de Gran Canaria acoge la exposición itinerante “EnArbolar, Grandes Árboles para la Vida”

El Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología de Las Palmas de Gran Canaria mantendrá hasta finales de mayo la exposición “EnArbolar, Grandes Árboles para la Vida” de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente. febrero 2016.

Se trata de una muestra de ciencia, cultura y medio ambiente dedicada al patrimonio arbóreo español. En ella se resalta el valor de los árboles monumentales de Canarias como un importante recurso natural, ecoturístico y educativo aún por desarrollar.

La exhibición ha recorrido en los últimos dos años 19 capitales españolas y recibidocerca de 50.000 visitas.

EnArbolar: Grandes Árboles para la Vida (BIGTREES4LIFE) es una muestra de ciencia, cultura, medio ambiente y arte dedicada al patrimonio arbóreo español. La exposición permite realizar un viaje virtual por los árboles y bosques maduros más destacados de Canarias a través de diferentes paneles y audiovisuales. Una arboleda de módulos expositivos, donde no falta el sonido de las aves forestales, ayuda al espectador a reconocer y apreciar la importancia de este patrimonio natural como refugio de flora y fauna en peligro.

EnArbolar cuenta con la participación del dibujante Paco Roca, Premio Nacional de Cómic 2008 y con la colaboración de premiados fotógrafos de naturaleza como Jorge Sierra, Juan Carlos Muñoz, José Díaz y Jonathan Díaz Marbá. Además, la muestra está enriquecida con la obra del acuarelista Fernando Fueyo. En la serie “El sueño de los árboles” el famoso artista presenta una galería de los grandes árboles monumentales españoles a los que ha retratado “in situ” a lo largo de un año de viaje y trabajo.

La muestra podrá visitarse en el Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología hasta el próximo 30 de mayo, en horario de martes a domingo de 10:00h a 20:00h.

Árboles que son monumentos naturales

“EnArbolar, Grandes Árboles para la Vida” (BIGTREES4LIFE) es un proyecto LIFE+ de información y comunicación de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente, cofinanciado por la Unión Europea y el Departamento de Árboles Monumentales de IMELSA de la Diputación de Valencia, que persigue mejorar la conservación de este tipo de árboles singulares y los bosques maduros de la Red Natura 2000.

Una red europea de espacios naturales de alto valor ecológico que en Canarias protege 532.387 hectáreas, un 46,8 % de la superficie terrestre regional.  Árboles como los pinos centenarios de Gáldar, el Patriarca del Teide, el Garoé de El Hierro o la laurisilva de Garajonay forman parte de este selecto patrimonio forestal canario.

El objetivo final de BIGTREES4LIFE es elevar el grado de concienciación de la sociedad con respecto a la importancia de este tipo de árboles y bosques maduros como reductos de biodiversidad, testigos del cambio climático, generadores de paisaje, dinamizadores de las economías rurales y herramientas de educación medioambiental.
Fuente: Fundación Félix Rodríguez de la Fuente

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